El Alma Al Diablo

Escrito por Félix Román Negrín Rodríguez para Periodismo Alternativo

Los elitistas tienen en su haber los conjuros para satisfacer sus ansias de poder y de dominio a niveles nunca vistos, con el objetivo de acabar con el enemigo acérrimo, satisfacer su sed de venganza, hacerse a una fuente de poder y riqueza, o en la premura de arrebatar un derecho divino netamente mundano, no pocos individuos y grupos están dispuestos no solo a feriar unos nombres, y delatar unos domicilios sino a venderle el alma al diablo.

Eso encarna hacerle el juego al foráneo a sabiendas de las funestas consecuencias que representa para el país en pleno, incluido el daño a los oponentes internos claro está, pero también a los que se tienen por compatriotas correligionarios.

En el mito fáustico de Johann Spies (Historia de Johan Fausten 1587) a Thomas Mann (Doctor Faustus 1947), el tentado negocia el alma a cambio de dolores de cabeza trascendentes: la eterna juventud, la sabiduría, el arte eximio o una mujer, Margarita (Gretchen en familia).

En el caso del Fausto de Goethe (1806), además es un cambalache a cambio de espectaculares viajes en el tiempo y de mágicas empatías amorosas con la radiante Helena de Esparta, ¡imagínenselo! Una mujer que se basta y sobra para encarnar juntos el símbolo de la perfección femenina y el arquetipo de la dama fatal, ni más ni menos.

Pero ni que decir tiene el polifacético Donald Trump está demasiado lejos de la finura de Mefistófeles, y el desvalorizado dólar carece de aquellos cebos encomiables. Trump a duras penas, es una especie de conjugación de Jesse James y Amarillo Slim; pistolero desaforado del Viejo Oeste con apostador sin medida.

Amarillo a propósito de los autoproclamados en boga. Y el dólar hace tiempo que dejó de apuntalarse en los lingotes del oro rebajado de las bóvedas de Fort Knox o West Point para hacerlo en argumentos de ficción y en la flota de trasatlánticos atestados de aeronaves henchidas de bombas.

Eso lleva precisamente, a que el pistolero apostador sea tan peligroso; los escenarios de duelo son hallados en los cinco continentes y que lo que se juega es la seguridad del planeta.

Un pacto con el diablo, trato con el diablo, o pacto fáustico, es un referente cultural muy extendido de la civilización occidental, en el mismo hay una presencia importante del demonio. Manifestada sobre todo en la leyenda de Fausto y la figura de Mefistoles. En el catálogo tipológico Aame Thompson pertenece a la categoría AT 756B…”Contrato con el Demonio” .

Según las creencias cristianas tradicionales sobre la brujería, el pacto quedaría establecido entre una persona y Satanás o cualquier otro demonio (o demonios): la persona ofrecería su alma a cambio de favores diabólicos muy poderosos.

Estos favores varían según el relato, pero suelen incluir la eterna juventud, el conocimiento, las riquezas, el amor o el poder. Se cree que algunas personas llevan a cabo este pacto sin exigir nada a cambio como una forma de reconocer a Satanás como su señor.

Siguiendo el discurso de las religiones monoteístas occidentales, este trato resultaría muy peligroso pues el precio de tales favores es la condenación eterna del alma.

Se trataría por tanto de cuentos moralizantes donde el condenado siempre saldría perdiendo. Por otra parte, algunos de estos relatos presentan giros cómicos donde un campesino humilde termina engañando al diablo, casi siempre con base en la letra pequeña del pacto.

Entre los más crédulos cualquier logro aparentemente sobrehumano se atribuía a un pacto con el demonio desde los numerosos Puentes del Diablo Europeos a la técnica extraordinaria del violinista Niccoló Paganini.

El pacto con Satanás ha sido también un argumento recurrente de las élites capitalistas en las persecuciones inquisitoriales, o los libelos de sangre, y probablemente hunde sus raíces en la memoria de los Sacrificios Humanos en la antigua Europa