Beneficios de dejar la mente en blanco

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El saber más antiguo, ese que nunca debimos perder ni olvidar, lleva milenios dejando constancia de los beneficios que trae para las personas saber dejar la mente en blanco.

Tradiciones orientales y algunas occidentales (aunque aquí nuestros sistemas políticos y sociales se encargaron de acallar estas enseñanzas) nos advertían de la necesidad, curación, bienestar e incluso inspiración mental o espiritual que se puede alcanzar con esta práctica diaria.

Algunos lo han llamado “meditación”; Otros lo han vinculado a enseñanzas Taoístas, el Zen, enseñanzas Confucionistas, Tantristas, y un largo etcétera de disciplinas de diversa índole pero poniendo siempre el acento sobre el autocontrol mental personal.

Del mismo modo, todo el que haya estudiado o practicado Artes Marciales de cualquier índole, saben la importancia que en todas estas tradiciones juega el autonocimiento, el autocontrol, la meditación, el entrenamiento de la disciplina mental etc…

En suma, que desde hace milenios múltiples vías, tradiciones y enseñanzas nos muestran la importancia de saber aquietar nuestra mente para convertirla en nuestro mejor aliado, en lugar de ser ese tirano en el que se convierte cuando la dejamos campar a sus anchas..

Hoy queremos dedicar unas humildes líneas a estas técnicas y todo lo bueno que de una mente serena, en calma y vacía de contenidos dañinos, podemos obtener.

LA MENTE EN SILENCIO

La finalidad de todas las disciplinas de las que hemos hablado anteriormente es sólo una: ACALLAR LA MENTE. Silenciarla de pensamientos desasosegadores, ruído mental, emociones dolorosas y ese constante parloteo que la caracteriza.

Lograrlo conlleva una práctica continuada, que en modo alguno debe ser considerada un “trabajo” sino un placer.

Para silenciar nuestra mente existen muchos y diversos métodos, pero yo recomendaré los que personalmente practico, y lo haré en el lenguaje que todos hablamos y comprendemos, para no usar terminología compleja ni demasiado “filosófica” que pueda hacer esta práctica más incómoda de comprender.

Tumbarnos y ponernos cómodos es siempre el mejor comienzo. No recomiendo posturas determinadas, ni complicados métodos de sentarnos o acostarnos. Sencillamente tumbarnos, relajar nuestro cuerpo y descansar es suficiente para este primer paso.

A continuación, no forzaremos nuestra respiración. Simplemente la dejaremos pausarse cómoda y relajadamente. Sin forzarla. Permitiendo que nuestra respiración tome un ritmo cómodo, fluído y natural. Con ello, también será suficiente para encontrarnos ya listos para silenciar nuestra mente.

De hecho, tan sólo con sacar unos minutos cada día para tumbarnos relajadamente y permitirnos respirar con calma, gran parte de nuestro ruído mental y pensamientos desasosegantes ya habrá descendido. Y eso, sólo por relajarnos y tomarnos tiempo para nosotros mismos.

A continuación, y ya entrando en materia, puedes entender la mente como una mano. Una mano que agarra pensamientos, que agarra imágenes, que agarra recuerdos, que agarra sonidos y experiencias… Cada pensamiento que entra en nuestra mente y capta nuestra atención, puedes entenderlo como el hecho de que esa mano lo ha tomado y no lo suelta.

Sencillamente mantén esa mano imaginaria abierta. Todos sabemos que una mano abierta no puede agarrar nada. Todo se le escapa, todo se le cae… Todo se va.

Así debes entender y tratar a tu mente cuando la quieras silenciar. Como una mano que permanece abierta y no se aferra a nada. Todo lo deja marchar. Nada se queda pegado a ella.

Meditando de este modo, observarás que tu mente se va silenciando, que los penamientos que llegan “se caen porque la mano mental no los agarra” y que, paulatinamente y con la práctica diaria, simplemente los pensamientos dejan de aparecer, porque has enseñado a tu mente a no agarrarlos.

Así podrás silenciar tu mente y beneficiarte de todo lo bueno que conlleva una mente en paz y calma.

Mejor concentración (sólo cuando hace falta y sin estrés); Momentos de desconexión voluntaria que sabrás crearte; Tiempo y sesiones en que el estrés no te afectará porque sabrás desactivarlo; Mejor descanso por las noches y en las siestas (si eres de los que practica el sagrado y saludable arte de la siesta); Más paz, calma interior, paciencia y bienestar en tu día a día.

En suma: La calidad de vida que trae consigo una mente apaciguada y que en lugar de ser tu tirana, es tu amiga y está tranquila.

Espero haber acercado un poco más, ese noble arte de la meditación, con una forma de exponerlo que lo hace sencillo y ameno. Esa era mi intención al escribir este artículo. Sinceramente tienes mucho que ganar y nada que perder si introduces en tu vida un poco más de paz y silencio mental.

Saludos.

Escrito por nuestro colaborador Alquimista

TWITTER: @alquimistaverda

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