Caso daños por el fármaco Depakine: La oportunidad de conseguir cambios sociales

Por Miguel Jara

Tras la explosión mediática del escándalo por las malformaciones en bebés cuyas madres tomaron el medicamento Depakine durante el embarazo, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) toma medidas pero no retira el tratamiento del mercado. Las agencias reguladoras permiten su venta ¡desde hace casi medio siglo! cuando existen miles de familias dañadas. Es necesario crear un movimiento crítico que trabaje por cambiar esta situación de iatrogenia generalizada.

La EMA endurece las medidas para controlar la exposición al fármaco. Reconoce una vez más pues no es la primera vez que así se expresan las agencias reguladoras, que los bebés expuestos al medicamento del laboratorio Sanofi, “corren un alto riesgo de sufrir malformaciones y problemas de desarrollo”.

La EMA también explica que pese a las recomendaciones previas “las mujeres no estaban recibiendo una información correcta” sobre los riesgos del fármaco, por lo que se ha decidido “endurecer las restricciones sobre el uso del ácido valproico” así como la obligación de informar correctamente a los usuarios.

Las nuevas medidas incluyen la prohibición del uso de los medicamentos fabricados con valproato para la migraña o el trastorno bipolar durante el embarazo y la prohibición de tratar la epilepsia durante el embarazo a menos que no haya otro tratamiento efectivo disponible.

En el embalaje del producto, para que pueda leerse antes de usar el producto, se colocará una advertencia sobre los riesgos del tratamiento.

La EMA pide a las compañías fabricantes del compuesto que hagan nuevos estudios de seguridad del fármaco para conocer todos los riesgos y sus efectos secundarios a largo plazo. A buenas horas pues esas cosas se hacen antes de comercializar el medicamento.

Como cuento estos días, las familias afectadas por el Depakine están organizándose. Quieren llevar sus casos a los tribunales de justicia. Está claro que habrá litigios para que se haga Justicia, que los responsables asuman sus errores y que las víctimas tengan justas compensaciones por su sufrimiento y el de sus descendencias. En el Bufete Almodóvar & Jara llevamos tiempo asesorando legalmente a afectadas y colectivos (conocemos bien a Sanofi).

Pero eso sólo es un paso o un objetivo pues creo que lo que por fin puede ponerse sobre la mesa es el centro del asunto: ¿Cómo se aprueban los medicamentos?; ¿son demasiado laxas las agencias reguladoras de fármacos?; ¿puede que lo sean porque tiene relaciones poco transparentes con la industria? ¿cómo funciona el sistema de investigación biomédica que deja que se cuelen este tipo de productos nocivos?

Es decir, es la hora de crear un movimiento fuerte que aúne a asociaciones de afectados y de consumidores, médicos y otros sanitarios críticos con el proceso de medicalización de la vida, bufetes de abogados, periodistas comprometidos, personas de la Administración sanitaria disconformes, políticos, etc. Es necesario ir más allá de la denuncia periodística o de las demandas en los juzgados pues durante los últimos lustros no han parado de sucederse hechos similares.

Se necesitan cambios políticos y ello sólo será efectivo si se crea un movimiento social. Hay que plantearse: ¿hay sobrediagnóstico de enfermedades para crear nuevos mercados farmacológicos?; ¿hay una sobreindicación de este tipo (y de otros) medicamentos?; ¿no son todo esto episodios de la medicalización de la vida con consecuencias dramáticas para las personas?; ¿no es el actual modelo sanitario basado en la receta de medicamentos un peligro para la salud pública?

En fin, todo esto ha de hacer que los movimientos críticos se unan y se planteen impulsar cambios políticos profundos por el bien de la salud pública. Creo que es buena ocasión para trabajar en un “frente amplio” donde las legítimas reivindicaciones personas o de colectivos concretos -incluso profesionales- se tengan en cuenta pero que a su vez estas se dirijan a un objetivo más generoso como es trabajar por cambios sociales. Éstos nos permitirán algún día superar la epidemia fantasma de iatrogenia (daños provocados por los sistemas sanitarios) que atraviesa el mundo occidental.

Como periodista fui el primero en publicar sobre el Caso Depakine. Ya en junio de 2013 publicamos el post Depakine y graves daños en el feto si se consume durante el embarazo. Contábamos que el ácido valproico, principio activo del tratamiento, es el antiepiléptico más utilizado en España según datos del Observatorio de Uso de Medicamentos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).

Y difundíamos algo que se cuenta poco. Según JAMA, el Journal of de American Medical Association la exposición prenatal a valproato podría incrementar el riesgo de autismo.

Recetar Depakine durante el embarazo por razones como el trastorno bipolar, la migraña u otras, hace al médico, la entidad que lo emplea y/o la farmacéutica indudablemente responsables por las deficiencias psíquicas o malformaciones que puedan aparecer en el bebé. Las advertencias no fueron escuchadas.

El primer texto sobre el caso no tuvo gran repercusión, no así el segundo, de enero de 2015, que titulamos ¿Otro Caso Talidomida? Depakine está provocando bebés con malformaciones. Causa asombro cómo las autoridades sanitarias actúan de manera tan lenta; que muchos médicos sean tan corporativistas; y no escribamos ya el laboratorio, del que sólo se espera que mire por sus intereses para variar. Por todo ello hay que crear un movimiento crítico que trabaje por cambios en beneficio de la salud pública.

Comentarios

WORDPRESS: 0
DISQUS: 0
A %d blogueros les gusta esto: