“Desde la crisis argentina del 2001 no discutíamos por alimentos, y volvemos a pedir comida”

Nacho Levy junto a una foto de Salvador Allende, expresidente de Chile.

Por RT

Nacho Levy, periodista, miembro del colectivo social La Poderosa y vecino de un barrio informal, explica cómo es la vida en una villa argentina.

La Poderosa es una agrupación social nacida en las villas de Argentina. Su nombre hace alusión a la mítica motocicleta utilizada por el ‘Che’ Guevara para recorrer parte de Latinoamérica antes de encausarse en la Revolución Cubana. Al igual que el guerrillero, la organización dice luchar por la igualdad de oportunidades, equidad y justicia social, pero sin recurrir a los fusiles. Su arma es la voz, y la comunicación popular, su herramienta más conocida. 

Su revista, ‘La Garganta Poderosa’, grita los conflictos y las historias de los barrios más humildes que los grandes medios nunca difunden. Por sus tapas pasaron reconocidas figuras como Lionel Messi, Diego Maradona, Joaquín Sabina, el ‘Indio’ Solari, Lula da Silva, Dilma Rousseff y Evo Morales, que agigantaron su popularidad y ayudaron a visibilizar la insistencia por conseguir cloacas decentes, entre otros miles de reclamos sobre la dignidad humana.

Al día de hoy cuentan con 79 asambleas distribuidas en las villas de todo el país, pero también traspasaron las fronteras y organizaron sus bases en la ciudad de La Habana (Cuba), el municipio de Encarnación y la localidad de Alberdi (Paraguay), Montevideo (Uruguay), la ciudad de Guadalajara (México) y Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). 

Una mujer junto a una niña en Villa Fiorito, Buenos Aires, Argentina. / Enrique Marcarian / Reuters

A la hora de brindar entrevistas, los miembros de este colectivo nunca revelaban sus nombres para no caer en personalismos. Sin embargo, a partir de septiembre de 2016 todo cambió: ‘La Poderosa’ denunció públicamente que dos de sus miembros, Iván Navarro y Ezequiel Villanueva Moya —este último de 15 años— fueron torturados por las fuerzas de seguridad, aunque al no dar nombres propios ni fotografías con el rostro de los niños, todo sonaba poco creíble.

Desde entonces decidieron mostrar la identidad de las presuntas víctimas, mientras aún esperan que se establezca una fecha para comenzar el juicio oral y seis prefectos continúan detenidos. Asimismo, el Comité Contra la Tortura (CAT) de Naciones Unidas ya interpeló al Estado argentino por este caso.

Por ello hoy dicen quiénes son, y Nacho Levy se presenta como tal para este reportaje: un periodista y militante de 37 años que reside en la humilde y olvidada villa Zavaleta. En el pasado vivía en un barrio común de la Ciudad de Buenos Aires, de clase media. “Ahora dejo la puerta de casa siempre abierta, y todos conocen los nombres de sus vecinos”, se enorgullece. 

“A muchos de nosotros nos gustaría decir que vivimos en barrios marxistas leninistas, y a otros peronistas ortodoxos. Pero no, lo cierto es que vivimos en un barrio pobre, con millones de contradicciones e ideologías. Y una cultura propia: la de compartir”, describe. Levy comenta que están inmersos en “una batalla cultural”, pero cuando habla también parece que combate con palabras. Se exacerba. La sangre que le sube hacia la cabeza sonroja su rostro y las venas del cuello se hinchan de manera alarmante, aunque el reportaje puede continuar sin necesidad de llamar a los doctores. 

RT: ¿Por qué es necesario que exista un medio como ‘La Garganta Poderosa’?

N.L.: A veces nos presentan como una revista, y eso nos da bronca. Somos un medio, un medio para un fin. También nos molesta cuando a las empresas de comunicación les llaman medios. A veces nos preguntan: “Bueno, en la tapa de la revista estuvo Messi, Maradona, el ‘Indio’ Solari y Lula, ¿ahora qué?” Ahora cloacas, decimos nosotros. Hicimos la revista para mostrar todo lo otro.

Oficina de la Garganta Poderosa en el hotel Bauen, sostenido por sus trabajadores. / Leandro Lutzky / RT

Este sistema te enoja porque aliena. Pero no te enojés con los alienados, tenemos que buscar un camino para hacerle llegar otra información. Por eso tenemos un medio de comunicación. Hubo escritores, pensadores, filósofos e ilustradores de nuestros barrios que no los conocimos y murieron en el absoluto anonimato. No pudo haber una crisis vocacional de 200 años.

Mirá, a Olga, una de las redactoras del barrio, le robaron a su beba. Después se la llevaron a un hospital psiquiátrico para que su denuncia no sea tenida en cuenta. Entonces, cuando dicen que los desaparecidos de la dictadura no fueron 30.000, está bien, resten lo que quieran, pero cuenten los desaparecidos de los barrios. Este no es un cambio que empezamos nosotros, ni tampoco vamos a terminar. No nos va a tocar subir a la Sierra Maestra, pero podemos continuar lo que comenzaron otros.

RT: ¿Contra qué luchan?

N.L.: Te forman para soñar con tener una casa más grande, un auto más lindo y un hijo más rubio. Creemos en otro modelo de sociedad y comunidad, que se expresa en experiencias originarias y territoriales donde con muy pocos recursos materiales han logrado prevalecer una serie de valores que en otro lugares se han comercializado.

Nacho Levy se expresa durante la entrevista con RT, en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky / RT

Toda la resistencia permitió que hoy tengamos villa y cultura para contar. Eso no significa fomentar la precariedad, es fomentar la solidaridad que también se fue dando. En un mundo de individualismo exacerbado, en nuestros barrios es normal ir a una asamblea y conocer los nombres de todas las personas que viven en las cuatro calles aledañas a tu casa. Esa es la cultura que reivindicamos, en contraposición a los medios de comunicación comerciales.

RT: ¿Cuál es el mayor estigma que recibe un villero?

N.L.: El sentido común. Una serie de parámetros establecidos, sin que nadie se pregunte cómo, cuándo, dónde, por qué y por quién. Eso es grave. Si un pibe del barrio cae preso por robar, nos dicen que es por no tener cultura del trabajo. ¿Sabés qué? Tenemos preso al mejor de los nuestros por una sobredosis de cultura del trabajo. Cuando ‘La Poderosa’ recién empezaba, armábamos equipos de fútbol. El referente de los más grandes, se convirtió en entrenador de los más chicos, 15 años tenía. Les hablaba sobre la importancia de construir un colectivo social desde el equipo para luchar por los derechos en los barrios.

Está preso por robo a mano armada, cuando no hubiese robado ni una mandarina. Tuvo una familia de lujo, donde el padre y la madre trabajan las 24 horas, todos los días del año. En esa casilla criaron a sus tres hijos, montaron un kiosko y una herrería. Si vas a las cuatro de la mañana a comprar una leche, te la venden. Él vivió de esa cotidianidad durante un montón de años, pero en algún momento parece que la regla de tres no da. La ecuación dice que trabajar 24 horas por días, todos los días de tu vida, no alcanza.

RT: ¿Cuáles son las principales urgencias presentes en los barrios informales?

N.L.: Se nos murió María en la villa Rodrigo Bueno, por un incendio que no hubiera sido mortal si el barrio hubiese estado urbanizado como indicaba la ley. Se nos murió Gastón, a los 13 años, en su segundo día de secundaria, del mismo barrio. Cuando su gatita se cayó en un pozo ciego y la quiso rescatar, se ahogó en la mierda, literalmente. Además, no lo entraron a buscar. La ambulancia no quería ingresar ni acompañada por la Policía, en un barrio donde nunca jamás hubo un tiroteo. Ahí está el sentido común, de películas como ‘Ciudad de Dios’, o ‘Elefante Blanco’, donde aparece más de un disparo por minuto. Todos los negros fuera de foco, la misma propuesta cinematográfica de siempre.

Villa Fiorito es el barrio donde creció Diego Armando Maradona, en Buenos Aires, Argentina. / Enrique Marcarian / Reuters

Se murió Pascual, en Villa 31, cuando le pegó en la cabeza una bala perdida, que siempre se pierden en los barrios pobres. Lo tuvo que llevar al hospital su amigo cartonero en una carretilla y llegó tarde. Se nos murió Facundo, en la villa 21-24, porque en su casa de techo de chapa se cayó un árbol, que su mamá había denunciado tres veces que se venía abajo. Todo eso es violencia institucional.

En el barrio no tenemos conexión de línea telfónica ni gas natural, a diez minutos del Obelisco. Cuando llueve ves en los noticieros que les preguntan a los taxistas dónde van a comprar las medialunas. Mabel vive hace 60 años en el barrio, pero cuando llueve, llora. Por suerte, a la indignidad no te acostumbrás nunca. Si cae agua adentro de tu casa, arriba del colchón donde duerme tu hija, y del piso te sale agua con caca porque las cloacas están tapadas hace 40 años, en ese inodoro gigante es muy difícil sentirte algo que no sea un sorete.

Cuando pedimos paz, es eso, no un eslogan barato para hacer una movilización y pedir planes sociales. Es trabajo, sin explotación, y la posibilidad de realizarse para cada uno de nosotros. Proyectarse a mediano plazo. Tener un techo digno. La crisis habitacional en la ciudad se desborda y no es tema de ningún noticiero. Hay un caso de gatillo fácil cada 23 horas y no lo encontrás en el diario ni cada 23 días.

RT: ¿Cambió mucho el panorama en las villas de un gobierno a otro?

N.L.: Nunca decimos que todos los gobiernos son lo mismo. Hoy hay una bajada de línea, un protocolo de la ilegalidad para ejercer en el territorio la mano dura que ellos no pueden sacar desde el Congreso y que ideológicamente, están convencidos, genera el miedo que garantiza las condiciones de ‘statu quo’ para poder avanzar sobre los barrios. Creen en ese modelo.

Imagen de Luciano Arruga y Kevin Molina, ambos fallecidos tras implicancias de fuerzas policiales. / Leandro Lutzky / RT

Esto también hay que decirlo: no hubo una política de la ciudad que cubra la crisis habitacional en su momento, ni tampoco desde la nación —durante las presidencias de Cristina Kirchner—. Las fuerzas de seguridad del Gobierno anterior fueron las que desaparecieron a Luciano Arruga o liberaron la zona cuando fue lo de Kevin —un chico de nueve años asesinado durante un tiroteo—, pero este nivel de hostigamiento claramente ha recrudecido las cosas. Si me hablás en materia de seguridad, creo que Milani, Berni y Granados —exfuncionarios de Kirchner— podrían compartir con Burzaco, Bullrich y Ritondo —actuales políticos de Cambiemos— un partido de fútbol, un partido político o un cumpleaños sin ningún problema, porque hablan el mismo código.

En la democracia representativa muchos van viendo en la mano dura y la baja en la edad de inimputabilidad  posibles soluciones al problema. Es un caramelito que les venden en todas las elecciones. En general abrís todo el abanico político y te encontrás con que la mayoría plantea las mismas cosas. El que no propone más policías, tampoco propone limitarles el poder o explicar cómo van a controlar los destacamentos policiales que administran el delito. Nadie se mete mucho en eso.

RT: ¿La alimentación infantil también empeoró?

N.L.: En Zavaleta hace dos años teníamos dos comedores, ahora tenemos cinco. En ninguno alcanza la comida. Hablo de 700 personas haciendo la fila para recibir alimentos. Por primera vez en la historia, hay voluntarios que trabajan para garantizarse su ración de comida, aunque se de gratis, porque saben que no alcanza. Tenemos muchos chicos, como hace años que no pasaba, que van a la escuela con certificados de desnutrición y parásitos. Entonces esos chicos deben recibir ración doble, y los maestros denuncian que ni siquiera califica como ración. La agrupación Barrios de Pie dice que el 47% de los niños que viven en barrios informales no alcanza los índices nutricionales que debería tener.

Nacho Levy señala una imagen de Fidel Castro, en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. / Leandro Lutzky / RT

Entonces tenés hambre, mayor desempleo y una baja de la economía territorial, que está fuera de todos los debates televisivos. El desempleo creciente aumenta la población concurrente a los comedores. Esta primera etapa de macrismo, los sectores afectados principalmente fueron los bajos-medios. El que antes se podía ir de vacaciones y ahora no se puede ir, el que llegaba a fin de mes y ahora no, el que antes tenía una cobertura médica privada y ahora la dejó. Pero el de abajo, que venía mal y empezó a recibir algunos de los alicientes para que no estallara todo, no estaba tan peor. El problema es que ahora tenés a todos ellos que cayeron, comiendo de las mismas raciones de todos los que ya estaban. ¡Y las raciones no aumentan! Se van achicando.

No te homologan nuevos comedores y te van recortando las raciones de los comedores que tenés en funcionamiento. La realidad es que desde la crisis del 2001 no discutíamos por alimentos, nunca creímos que íbamos a salir de vuelta a la calle a pedirlos. Nos parecía una derrota política inocultable, un retroceso inadmisible. Y volvemos a pedir comida. El gremio de los desempleados es el único que crece.

RT: ¿La sociedad está más sumisa o más combativa?

N.L.: Hay una sociedad que nos muestran y nos cuentan, en momentos donde invertimos la mayor cantidad del tiempo en recibir una idea global, que no viene ni de los sectores populares o los medios autogestivos. Llega de empresas que responden a intereses grandes y partiendo desde allí, como mínimo, habría que ponerla en tela de juicio. 

Hay un mensaje que tiende a desmovilizar, y una realidad que tiende a movilizar. Eso también se vivió en las protestas de diciembre contra la reforma previsional. ¡Ya no hay más para recortar, amigo! Entonces no estamos discutiendo una ley, ya es el derecho a la vida. 

Esa contradicción que mencionás es real, por un mensaje que crea estereotipos e intenta guardar a las personas. Pero la realidad real, es la de la calle. Cualquier persona que camine hacia el microcentro y diga que tenemos la misma cantidad de pobres que hace tres años, está mintiendo. Es innegable, inocultable. Vengan al barrio y vean los comedores. Esto se desborda.

Casas de la Villa 31, Ciudad de Buenos Aires, Argentina. / Marcos Brindicci / Reuters

Si nos enojamos con la sociedad, porque es de esta forma, bueno, construiremos un gueto con nuestros valores más puristas donde podamos tomar un montón de vino recordando a Camilo Cienfuegos, pero difícilmente encontraremos la manera de que el comedor aumente sus raciones de comida el mes que viene. Las políticas que queramos poner en agenda, de ninguna manera pueden excluir a los sectores gruesos de las masas de trabajadores, a la clase media, media baja y media alta. Necesitamos que entiendan nuestra realidad, porque no los creemos ni genéticamente malos, ni genéticamente fachos. Los consideramos, simplemente, desinformados.

RT: Durán Barba, asesor de Mauricio Macri y otros dirigentes de la región, dice que en política no se le puede explicar la teoría de los ferrocarriles a vapor a jóvenes que prefieren cazar ‘pokémones’ con sus teléfonos. ¿Coincidís? ¿Se puede luchar contra una realidad efímera?

N.L.: En el 58 hubiese dicho que los pibes que estaban cortando cañas de azúcar en Cuba no podrían haber agarrado fusiles para hacer la revolución, y hoy es el país con mejores índices sociales de América Latina. Para generar los cambios, se necesita información. Si buscás información, tenés que embarrarte las patas. Aunque te quieran convencer de que sos un objeto, sos un sujeto de esta sociedad, y lo que le vaya a pasar, te va a pasar también. Así que cuidala.

Las mejores alternativas salen de la práctica, la práctica de la lucha y la lucha, en muchos casos, es producto de un proceso intelectual, consciente. En otros, es producto de la inercia natural en la que te enclavó tu nacimiento. Para quien nació fuera de una villa, militar es una opción. El principal obstáculo es la claudicación, todo el tiempo el militante de afuera del barrio se pregunta, de manera recurrente, si vale la pena.

Hay un fantasma que ronda todo el tiempo, que le dice que podría salvarse solo. Entonces, ¿qué cosa valdría la pena? ¿Quedarte en tu casa tomando un helado? En la villa no es una opción. Militan todos los vecinos, todos los días, por mejores cloacas. No tenés la alternativa de renunciar, porque si largás la pala, te ahogás en la mierda.

Leandro Lutzky

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