El Ejército de EE.UU., principal inversionista de las investigaciones sobre impulsores genéticos

Por RT

Activistas de varias partes del planeta unen sus esfuerzos para conseguir que la ONU prohíba de forma definitiva esa nueva tecnología.

El Ejército de EE.UU. figura como el principal inversionista de las investigaciones sobre una controvertida tecnología conocida como ‘impulsores genéticos’ (‘gene drives’, en inglés), según un informe publicado por ETC Group, una organización que se dedica, entre otros temas, a promover el desarrollo de tecnologías socialmente responsables.

El documento se nutre de informaciones aparecidas en más de 1.200 correos electrónicos desclasificados, la mayoría de ellos, por el investigador Edward Hammond, de la firma Prickly Research, y donde se precisa que los militares estadounidenses han invertido hasta 100 millones de dólares en pruebas.

Tecnología genética

Estos impulsores derivan de una nueva tecnología de ingeniería genética, que puede alterar permanentemente especies mediante el impulso de un “carácter” determinado dentro del ciclo reproductivo del organismo.

Un carácter es una cualidad determinada genéticamente como, por ejemplo, el color de los ojos o el cabello.

Así, con un impulsor genético, el carácter se obliga de tal forma que todos los descendientes siempre llevan y expresan el rasgo específico de interés, lo cual puede causar que el carácter alterado artificialmente se distribuya a través de la población natural o puede conseguir que toda la población colapse.

Científicos trabajando con ratones en laboratorio. / Alessia Pierdomenico / Reuters

Para Silvia Ribeiro, Investigadora y directora para América Latina del ETC Group, se trata de una manipulación que consigue que “un gen alterado abarque a toda una población”.

Eso significa, explicó, que si un gen modificado se emplea para (teóricamente) extinguir plagas, este se suministrará a un mosquito con la finalidad de inhibir la reproducción de hembras. “De esa forma toda la población será de machos únicamente y por lo tanto tenderá a la extinción”.

Así que los impulsores genéticos se constituyen en “una tecnología para extinguir especies”, precisó Ribeiro.

Otros intereses

Son muchos los intereses que se mueven en torno a los impulsores genéticos, expone el informe al demostrar la existencia de una operación de cabildeo que cuesta cerca de 1,6 millones dólares y que provienen de la Fundación Bill y Melinda Gates.

El objetivo de esa operación es el reclutamiento de académicos, supuestamente independientes, que trabajan para contrarrestar una posible regulación o prohibición de esa nueva tecnología.

¿Quién la usará?

El documento de ETC Group especifica que el ejército de EE.UU. utiliza a la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa (Darpa, por sus siglas en inglés) para la inversión de los recursos destinados al desarrollo de los impulsores.

Darpa es la agencia del Departamento de Defensa estadounidense encargada del desarrollo de nuevas tecnologías exclusivamente para uso militar.

Uno de los proyectos financiados por los uniformados, y que está registrado en los correos electrónicos desclasificados, es el desarrollo de ratones manipulados con impulsores genéticos.

Investigación científica o militar

Saúl Flores, investigador del Centro de Ecología, adscrito al Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), considera que en la actualidad, “cuando se trata de revivir el espíritu de la guerra fría” y asistimos a una tensión diplomática con acento en las armas nucleares, “también surgen informaciones sobre la producción de armas desconocidas a partir de investigaciones científicas”.

Particularmente, indica Flores, “los estudios sobre impulsores genéticos, como toda la producción de armas en EE.UU., ha estado en manos de las empresas privadas que se encargan de mantener el flujo de armamento a las zonas de conflicto bélico”.

Saúl Flores señala que muchas de las empresas dedicadas a las modificaciones genéticas tienen una fachada comercial al estilo de Monsanto, Dupont o Syngenta.

“Es casi seguro que muchas de esas investigaciones, realizadas por empresas privadas, tengan la finalidad de crear nuevos caracteres genéticos, ya sea en plantas o animales, con un interés defensivo de un país o un ejército”, dijo el investigador venezolano.

Armas biológicas

Silvia Ribeiro califica a los impulsores genéticos como “armas biológicas”. Por esa razón resulta “muy preocupante”que sea el ejercito de EE.UU. el más importante patrocinador de esos estudios dentro y fuera de sus fronteras.

“Es a partir de la inteligencia militar de ese país que se financia la mayor parte de los estudios”, y aunque los voceros militares han anunciado que será empleada con fines defensivos, la investigadora del ETC Group mira esa declaración con preocupación.

Activistas de Greenpeace protestan en las oficinas de la compañía Monsanto en Ciudad de México. Octubre de 2012. / Tomas Bravo / Reuters

“Es justamente la posibilidad teórica que tienen los impulsores para irrumpir en un ecosistema con la finalidad de eliminar determinadas especies lo que supone que esa tecnología tenga usos hostiles, bélicos o se emplee para provocar problemas en determinadas regiones o países”, expresó.

Quizá la mayor suspicacia proviene de un hecho indiscutible: “Cuando se trata de armas biológicas, su empleo defensivo u ofensivo es solo una línea de voluntad, ya que se trata de la misma tecnología”, opinó Ribeiro.

ONU en el debate

No en vano los impulsores genéticos se han vuelto un tema de discusión dentro de la Convención de Armas Biológicas y Toxínicas de la ONU, “ya que se están desarrollando fundamentalmente a partir de intereses de tipo militar”, indicó la investigadora.

Grupos ambientalistas, conservacionistas y hasta de salud han unido esfuerzos para solicitar a Naciones Unidas una moratoria en cuanto a los avances de las investigaciones, apuntando a “la prohibición del empleo de los impulsores genéticos”, finalizó Silvia Ribeiro.

Ernesto J. Navarro

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