¿Es esta la broma más cruel de la televisión japonesa?

Por Pijamasurf

La cultura japonesa es quizá una de las más fascinantes de cuantas han existido en la historia. Es al mismo tiempo unas de las más civilizadas –destacan por el desarrollo de su sociedad, por el cuidado de la naturaleza e incluso por su disciplina y la capacidad de haber sintetizado el sentido práctico y el metafísico de la vida– pero también se trata de una cultura que no duda en explorar el punto opuesto del espectro, ahí donde estamos habituados a encontrar lo ruin, lo obsceno y lo perverso.

Prueba de ello son algunos de los programas más populares de la televisión japonesa, en especial los de concursos y los de bromas. En los primeros, se suele someter a los participantes a pruebas que más que diversión parecen de tortura, lo cual, lejos de escandalizar al público, es motivo de diversión y entretenimiento, como referimos en esta nota.

En el caso de los programas de bromas, la tónica es similar. Con el pretexto de divertir, se inventan escenarios y situaciones que, gracias al desconocimiento de la víctima, se provoca la risa. Pero, como decíamos, en el caso de la televisión japonesa esto puede ser llevado a niveles que pocos imaginarían.

Tal es el caso de esta broma transmitida recientemente, en la cual un hecho tan cotidiano y trivial como entrar a un elevador sale de lo habitual para entrar en los dominios de lo inesperado, lo cual es la base de cierto humor, pero en este caso no exento de cierto placer por mirar sufrir a las personas.

¿Diversión o sadismo? No es sencillo responder. Después de todo también esto es el ser humano.

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