La farsa Covid fue diseñada para durar indefinidamente

¿Recuerdan cuando Anthony Fauci junto con otros “profesionales” de la medicina pagados por el gobierno declararon que los estadounidenses tenían que ponerse la mascarilla y quedarse en casa durante dos semanas para “aplanar la curva” de la pandemia de la covid? ¿Recuerdan cuando volvieron dos semanas más tarde para insertar otro par de semanas más? ¿Recuerdan cómo parecía que iban a dar marcha atrás en los confinamientos solo para reincidir con más exigencias? ¿Recuerdan en 2019 cuando la gente no se quedaba acobardada en sus casas y detrás de las mascarillas por un virus con una tasa media de mortalidad infecciosa de solo 0,27%? ¿Lo han olvidado?

Al principio mismo de las normas relacionadas con la pandemia, yo y muchos otros de los medios de comunicación alternativos advertimos que los mandatos y los confinamientos nunca verían el fin; la idea es que perduren para siempre. Lo predije basándome en las declaraciones hechas por los mismos globalistas e instituciones que diseñan la política del guion que los gobiernos nacionales tienen que seguir para enfrentarse a la covid. En mi artículo “Waves Of Mutilation: Medical Tyranny And The Cashless Society”, (Olas de mutilación; La tiranía medica y la sociedad sin dinero en efectivo), publicado en abril de 2020, resumí los comentarios del globalista Gideon Lichfield, del MIT, basados en los libros blancos publicados por el Imperial College de Londres.

El artículo titulado “We’re not going back to normal” (No volveremos a la normalidad) describe el futuro del mundo bajo la tiranía médica de la covid:

“Para detener el coronavirus tendremos que cambiar radicalmente casi todo lo que hacemos: cómo trabajamos, cómo hacemos ejercicios, nos socializamos, compramos, gestionamos nuestra salud, educamos a nuestros hijos, cuidamos de los miembros de la familia.

Todos queremos que las cosas vuelvan a la normalidad rápidamente. Pero lo que la mayoría de nosotros probablemente aún no hemos comprendido -aunque pronto lo haremos- es que las cosas no volverán a la normalidad al cabo de unas semanas, o incluso de unos meses. Algunas cosas nunca volverán a ser lo que eran.”

Sigue diciendo:

“Mientras siga habiendo alguien infectado por el virus, los brotes pueden y seguirán repitiéndose en ausencia de los debidos estrictos controles para su contención. En un informe publicado ayer, los investigadores del Imperial College de Londres proponen una forma de hacerlo: imponer medidas de distanciamiento social más extremas a medida que los ingresos en las unidades de cuidados intensivos (UCI) empiecen a repuntar, y relajarlas cada vez que los ingresos disminuyan …”

Lichfield argumenta:

“A la larga, sin embargo, predigo que restableceremos la capacidad de socializar con seguridad gracias al desarrollo de formas más sofisticadas de identificación de quienes representan un riesgo para la salud y quienes no, y contando con la discriminación -legal- de los que sí lo sean.

… uno se imagina un mundo en el que para subirse a un avión tenga que inscribirse en un servicio de rastreo de nuestros movimientos a través de nuestro teléfono. La aerolínea podría ignorar nuestro destino, pero recibiríamos una alerta en caso de haber estado cerca de personas infectadas ya rastreadas, o de focos de enfermedades. Se impondría requisitos similares en la entrada de grandes recintos, edificios gubernamentales o centros del transporte público. Escáneres de temperatura estarían por todas partes, y nuestro lugar de trabajo podría exigirnos llevar un monitor para el control de nuestra temperatura u otras constantes vitales. En aquellos clubes nocturnos que piden la prueba de edad podrían en el futuro exigir una prueba de inmunidad: un documento de identidad o algún tipo de verificación digital a través de nuestro teléfono que demuestre nuestra recuperación o haber recibido las vacunas contra las últimas cepas de virus”.

Dos años más tarde (en lugar de dos semanas), la farsa del covid sigue en vigor. Por farsa me refiero a que el virus no representa una amenaza para la salud de la inmensa mayoría de la población, pero los gobiernos y los medios de comunicación siguen creando miedo sobre su existencia mientras intentan obligar a la gente a aceptar vacunas experimentales sin haber efectuado las pruebas a largo plazo que demuestren su seguridad. En casi cualquier país en el que la gente ha sido mayoritariamente desarmada, o en cualquier país con una mínima posibilidad de disturbios, los totalitarios de la covid se apresuran a acaparar todo el poder posible antes de que la población se dé cuenta de lo que está ocurriendo.

Podría seguir describiendo una montaña de hechos y pruebas científicas que desmienten por completo el pánico a la covid, pero ya lo he hecho en varios artículos. Podría hablar del hecho de que el 99,7% o más de las personas no corren peligro de muerte por la covid y que sólo un pequeño porcentaje de los hospitalizados por la covid tienen efectos secundarios más duraderos. Podría mencionar el hecho de que los países con altas tasas de vacunación como Israel o Irlanda también arrojan las tasas de infección más elevadas y numerosas muertes de personas totalmente vacunadas. También podría mencionar que la inmunidad natural ha sido probada a través de estudios en países mayoritariamente vacunados como superior en todos los sentidos a la vacunación. Los autoritarios no quieren oírlo.

En Nueva Zelanda y Australia, supuestos bastiones de la democracia y la libertad occidentales de antaño, los ciudadanos son ahora encerrados por los caprichos de los burócratas a la primera señal de un test PCR positivo. Llevo meses diciendo que si quieren conocer el futuro que el establishment pretende reservar para los estadounidenses, sólo tienen que echar un vistazo a países como Australia, donde están construyendo campos covidianos de prisioneros operados por los militares. La gente incluso ha sido arrestada cuando trataba de escapar de estos recintos. No, esto no es una teoría de la conspiración, es un hecho.

En estos campos nos encontramos completamente controlados por el gobierno. Como en casi cualquier prisión, te dan de comer cuando así lo deciden, restringen tus movimientos, te aíslan de tus amigos y familiares, etc. Tu estancia en los campos puede incluso ser “prolongada” por los administradores sin supervisión en cuanto determinan que un individuo se ha “portado mal”. Así es, no se trata de lo infeccioso que seas, no se trata de la ciencia, se trata de tu estado de sumisión.

Y sin lugar a dudas, esto es lo único que justifica las medidas de la pandemia de la covid desde el mismo principio.

Observen a una nación como Austria con un 65% de vacunados y tasas de infección cada vez mayores. Decidieron que la culpa era de la gente no vacunada, así que ordenaron que todo aquel que no tuviera pruebas de vacunación se sometiera a los confinamientos. Después de eso, sus infecciones y muertes se dispararon aún más. Así que, en lugar de admitir la conclusión obvia y lógica (que las vacunas no funcionan, o al menos, que los confinamientos no funcionan), ordenaron el confinamiento para TODO EL MUNDO. ¿Por qué? Para ocultar que los no vacunados no son el problema.

Hablando claro, el pico inicial responsable de los confinamientos en Austria ascendió a unas 300 muertes, la vasta mayoría entre ancianos. En Austria, los pacientes de residencias de ancianos suponen alrededor del 36% de todas las muertes por covid. Hablando claro, están eliminando las libertades de 9 millones de personas y estrangulando su economía por un pico de 300 muertes. Mucha gente muere todos los días por una gran cantidad de enfermedades transmisibles. Esto es un hecho de la vida, no es algo que pueda utilizarse como arma política y social.

Profundicemos otro poquito más, Austria también amenaza con un proyecto legal de vacunación obligatoria que permite imponer multas y penas de cárcel a quienes no se vacunen. El régimen de vacunación será determinado por el gobierno y las vacunas de refuerzo podrían ser requeridas en cualquier momento. El hecho de que ahora estén totalmente vacunados no significa que mañana se les considere totalmente vacunados. Esto nunca acabará.

Los datos muestran que la vacunación contribuye poco o nada en la ralentización de las tasas reales de infección o muertes; hubo más muertes por covid en 2021 que en 2020 a pesar de la proliferación de las vacunas durante este año. Es decir, las vacunas se introdujeron este año y, sin embargo, hubo más muertes por covid que el año pasado. ¿No es extraño?

Los principales medios de comunicación afirman que esto se debe a una “pandemia de los no vacunados”. Supongo que deberían decírselo a los muchos miles de personas totalmente vacunadas e infectadas y a los cientos que mueren en estados como el de Massachusetts, donde realmente se hace un seguimiento de los casos de reinfección. Por supuesto, los medios de comunicación siguen elogiando las vacunas a pesar de estos pequeños contratiempos.

Si las vacunas funcionaran realmente, la vacuna no sería obligatoria. Las personas vacunadas estarían protegidas y las no vacunadas asumirían los riesgos individuales. La secta covidiana no parece entender la lógica: o bien las vacunas son eficaces y no es necesario obligar a nadie a que se vacune, o no son eficaces, lo que significa que su carácter imperativo carece de sentido.

Pero una vez más, la lógica y la ciencia no es lo que interesa – el control sí lo es. Es un razonamiento perpetuo en busca del control infinito. No acabará nunca.

La realidad es que la agenda covidiana no ha sido tan efectiva si observamos el panorama general. Si el objetivo es la vacunación al 100% y el control permanente del pasaporte vacunal mediante refuerzos regulares como mecanismo de dominación a largo plazo (tiranía médica), entonces el plan ha fracasado de momento. Ciertos países han caído en el largo invierno covidiano, pero muchos otros no. Casi todos los estados conservadores de Estados Unidos están lanzando su total desafío por los mandatos, y los tribunales federales han bloqueado los intentos de Joe Biden de burlar la constitución. Si los estados rojos de Estados Unidos resisten, esto les da esperanzas a los demás. Entonces, ¿qué les queda por hacer a los traficantes del poder del establishment?

Muy fácil … seguir haciendo más de lo mismo.

La variante Omicron de la covid entra en escena, algo que los “teóricos de la conspiración” hemos estado advirtiendo durante los últimos dos años. Esta es la belleza de la narrativa de la pandemia cuando se trata de construir un régimen autoritario global; los virus siempre están cambiando e incluso se pueden diseñar nuevos virus por si fuera necesario. Por lo tanto, siempre se presenta una nueva amenaza para asustar al público, y siempre una nueva razón para confinarlo en sus casas o exigirle que renuncie a más libertades. Un ciclo vampírico interminable drenando lentamente la libertad de una población.

Dejemos a un lado el hecho de que los médicos que descubrieron Omicron en Sudáfrica lo han calificado como una variación leve de la covid y no como una amenaza significativa para el público. Esto tiene mucho sentido. En la inmensa mayoría de los escenarios pandémicos, los virus tienden a evolucionar hacia versiones ligeramente más infecciosas pero mucho menos mortales que el original. Pero eso no impide que los medios de comunicación y los científicos del gobierno pongan el grito en el cielo por el Omicron, e incluso sugieran que esta vez la covid “podría” evolucionar y ser más mortífera en lugar de menos.

Hay que llevar este plan a cabo a toda costa. No les queda nada más y si pierden el control covidiano pierden una de las mejores oportunidades para el control centralizado de casi cada individuo sobre la faz de la tierra.

El miedo a la covid está menguando. Cientos de millones de personas no están dispuestas a renunciar a sus libertades por una pandemia exagerada y absurda con una tasa de mortalidad del 0,27%. Muchos de entre los vacunados están luchando contra los mandatos junto a los no vacunados. La mayoría de la gente no es obesa. La mayoría no tiene 80 años ni vive en una residencia de ancianos. La mayoría no tiene enfermedades preexistentes. Todos estos son factores que conforman la mayoría de las muertes por covid. Muchos ya tuvimos la covid y sobrevivimos sin problema, lo que significa que tenemos una inmunidad natural que es entre 13 y 27 veces más efectiva en la detención de futuras infecciones que las vacunas. Dejando las exageraciones a un lado junto con las variantes auguraría el fin de la fiesta para los globalistas, y es que esa idea no les gusta ni un pelo.

Si se le permitiera al público sacar la cabeza de entre la niebla de tanta propaganda por un momento y recuperar su sentido común, se daría cuenta de que ha sido convertido en el objetivo de una campaña de terror masiva. Podría enfadarse. Podría exigir que se hagan investigaciones. Incluso podría exigir que rueden algunas cabezas globalistas. Así que prepárense para que la Omicron siga siendo noticia durante meses, y luego la siguiente mutación, y la siguiente, y la siguiente. Los globalistas y los oportunistas políticos seguirán con el teatro hasta conseguir lo que quieren, o hasta su eliminación completa de la ecuación. Nunca acabará, salvo que ellos desaparezcan.

Brandon Smith
Fuentes: https://alt-market.us/; /  https://es.sott.net/

Visto en: Astillas de Realidad

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