La Unión Europea aprueba fusión de Bayer y Monsanto: ¿Cómo impactará en América Latina?

Protesta contra Monsanto en la ciudad de Santiago (Chile). 23 de mayo de 2015.

Por RT

La nueva mega corporación agrícola, junto con otras tres, domina más del 70% del mercado global de pesticidas.

La Unión Europea (UE) aprobó la semana pasada la fusión entre las empresas Bayer AG de Alemania y la controvertida Monsanto de EE.UU., con lo que se abre la posibilidad para que Washington haga lo propio, dice un informe del ETC Group.

Para esta organización, el visto bueno de EE.UU. consolidaría la última de las tres megafusiones de la industria de semillas y pesticidas, que se gestan desde el año 2015.

Control total

El ETC Group, autor del informe, es una organización no gubernamental internacional que trabaja para “vigilar el poder, monitorear la tecnología y fortalecer la diversidad”, explica su sitio web.

Esta organización ha estudiado, desde 1977, la concentración de los negocios agrícolas y considera que las actuales megafusiones son una prueba de que los gobiernos no han sabido manejar el tema en función del interés público.

Un avión fumiga plantas de maíz contra la plaga de langostas en Yateirenda (Bolivia). 22 de febrero de 2017. / Freddy Zarco / Reuters

Al concretarse la unión entre Bayer y Monsanto, dos terceras partes del mercado global de semillas y más del 70% del de pesticidas quedará en poder de solo cuatro compañías:

  • Bayer-Monsanto (como empresa dominante).
  • Corteva Agriscience (derivada de la fusión entre Dow y DuPont),
  • La empresa formada por Syngenta (Suiza) y ChemChina.
  • BASF, otro gigante alemán.

En la actualidad, Bayer y Monsanto extienden su dominio al ámbito de los “insumos agrícolas biológicos”, explica Verónica Villa, responsable de programas del ETC Group en México.

“Eso significa, por un lado, que se extiende la propiedad privada monopólica sobre más ámbitos comunes (microorganismos, reproducción de los suelos, etc) y, por otra parte, que los cuatro gigantes de la agroindustria se apoderan de componentes cruciales para la seguridad alimentaria global”, añade Villa.

Lejos de la ley

Desde la década del 2000, apunta la investigadora, se volvió “factible y cada vez más barato poder alterar el ADN” de una gran cantidad de especies y cambiarles múltiples características.

El fabricante suizo de agroquímicos ‘Syngenta’ en una granja en la localidad de Geispitzen (Francia). 27 de junio de 2017. / Arnd Wiegmann / Reuters

A la fecha, señala Villa, esas técnicas que son “tanto digitales como biológicas”, y que implican “organismos genéticamente alterados de nueva generación”, se escabullen de las regulaciones existentes, porque esas “técnicas de edición genética y sus resultados no tienen precedentes”; en otras palabras, “no existe forma de normarlos“.

Refirió el caso de la empresa de maquinaria agrícola John Deere, que en 2013 incorporó tecnología satelital “para acumular información sobre condiciones climáticas, de los suelos y de los cultivos”, así como sistemas de geo-posicionamiento muy detallados.

Entonces, las empresas agrícolas, con menos poder económico que las de maquinarias, comenzaron a fusionarse para no dejarse aplastar en el terreno del control del negocio agroindustrial.

Cultivos y maquinaria

En opinión de la experta mexicana, las corporaciones de los cultivos y las de maquinarias alcanzaron “un punto de convergencia muy importante: la cibernética”, así como el manejo de datos masivos.

La comisaria europea de Competencia, Margrethe Vestager. Bruselas (Bélgica), 21 de marzo de 2018. / Francois Lenoir / Reuters

“Estamos en una situación en la que un bando de las corporaciones tiene la herramienta, la máquina, el aplicador; y el otro tiene lo que se va a aplicar: las semillas, los transgénicos, los insumos químicos para que crezcan los cultivos”, precisó Villa.

La mayor preocupación para organizaciones como el ETC Group, dice la investigadora, radica en que “no existen reglas” para frenar la actividad de los nuevos monopolios agroindustriales, y tampoco “formas de medir y evitar sus impactos” en las economías, el ambiente, los sistemas alimentarios locales o la salud humana.

Impacto regional

Los países latinoamericanos que practican agricultura industrial y que mantienen acuerdos con esas empresas o con algunas de sus subsidiarias, quedarán sujetas a las reglas que imponga el nuevo oligopolio.

Recordó Verónica Villa que en la región “hay una enorme dependencia” hacia Monsanto en el caso de la agroindustria de Brasil, Argentina, Paraguay y México. Así, según la experta, “mientras más dominante sea esa corporación en un país, más vulnerables quedan las industrias nacionales, privadas o públicas”.

También podrían verse impactadas negativamente las pequeñas empresas nacionales de semillas y agroquímicos, “si se permite la actuación de la nueva mega corporación” en los países de América Latina.

Finalmente, aseguró la investigadora, los impactos de la fusión Bayer-Mosanto en la región pueden ser tan profundos “como el asalto a la investigación pública”, tal y como sucede en México, “donde Monsanto patrocina programas en la Universidad Nacional”.

Ernesto J. Navarro

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