Los búnkeres vuelven a estar de moda en Moscú

Por Sputnik

En Moscú hay al menos cinco compañías que ofrecen búnkeres personales a las afueras de la ciudad para cualquiera que se lo pueda permitir.

Estas empresas tratan de atraer a los futuros clientes de distintas maneras. Algunos recurren a la geopolítica: “¿Trump amenaza con misiles inteligentes? ¡Pida un búnker y escúpale!”. Otros añaden a su anuncio un toque de ficción: “¡En nuestro búnker los extraterrestres no serán una amenaza!”.

Otros tienen más en cuenta problemas más mundanos: “¿Le tiene miedo a los ladrones? ¿Los disturbios? ¿Las epidemias? ¿Quiere salvar su vida? ¡La mejor salida es un búnker autónomo seguro!”.Un periodista del periódico ruso Komsomólskaya Pravda ha visitado una de estas cinco empresas, donde le ofrecieron búnkeres con precios que iban desde los 1,5 millones de rublos (25.000 dólares) hasta los 4 millones (65.000 dólares).

“Ninguno de los refugios en el mercado puede sobrevivir al impacto directo de una bomba”, explicó el director de la firma, Oleg Sazónov. “Cuanto más terrible es la amenaza, más tiempo se necesita para esconderse y más costoso es el refugio. Hay que cavar más profundo y llevar más suministros. Normalmente los búnkeres se hacen de hormigón, aunque también se puede enterrar un contenedor de metal”.

Según explica Sazónov, un búnker da la oportunidad de sobrevivir a las principales consecuencias de un ataque nuclear: onda expansiva, radiación y polvo radiactivo. En tiempos de paz, es posible dotar el recinto de un cine, una bodega, un gimnasio o una caja fuerte.

La demanda crece cada primavera, pero esta temporada ha aumentado más de lo usual, dice el director de la firma, aunque explica que el interés no alcanza los niveles de 2014. Con el cliente se firma un acuerdo de confidencialidad para que nadie conozca la existencia de su refugio.

“Incluso nuestros obreros a veces no saben dónde y qué están construyendo. A los vecinos se les puede decir que el dueño de la casa está cavando un pozo para una piscina. Incluso los conductos de aire se camuflan para que parezcan troncos”, comenta el empresario.

Si una explosión nuclear destroza todo lo hay sobre el búnker y lo deja sin electricidad, existe la posibilidad de pedalear en una bicicleta estática para producir energía.

A veces en los contenedores subterráneos se instalan equipos capaces de mantener cierta temperatura y humedad, explica el director general de otra empresa especializada en la construcción de refugios, Danila Andréev. Allí la gente puede guardar una colección de pinturas o de armas.

Como regla general, los pedidos provienen de empresas estatales serias, pero a veces mujeres empresarias o amas de casa también contratan estos servicios. Son los análogos de lo que se conoce en EEUU como ‘Panic Room’, donde es posible esconderse de ladrones o asesinos y llamar a la Policía.

Andréev afirma que sus colegas estadounidenses tienen mucho más trabajo. “¡Allí se compran búnkeres a granel! Y los más baratos son los que tienen forma de barril. Gracias a su forma simplificada, aguantan una onda expansiva tras una explosión nuclear”, dice. Por su testimonio, parece que los estadounidenses tienen miedo a una guerra nuclear con Rusia.

Mientras tanto, un 90% de los pedidos en Rusia son refugios de hormigón, más caros pero más cómodos. Están equipados con sistemas de ventilación autónomos, filtración de aire, calefacción, suministro de energía y aparatos de suministro de agua, que fueron desarrollados por ingenieros soviéticos ya en la década de los 70 para ser instalados en submarinos.

Normalmente, en búnkeres así se pueden pasar hasta dos semanas. Se cree que tras este período ya es posible salir al exterior, aunque con más fuentes de energía y provisiones se puede alargar todavía más la estancia.

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