Por qué es vital cambiar del paradigma económico que rige el mundo a un paradigma eudaimónico

Por Pijamasurf

Tanto en la visión global como en la visión que hemos interiorizado como sociedad e incluso como individuos lo que predomina es la economía y una forma de utilitarismo a corto plazo. La mayoría de las empresas y ciertamente todas las más importantes -que en la actualidad son mucho más poderosas que países- tienen como su ADN la noción de maximizar sus ingresos sin importar los efectos a largo plazo que esto tenga para el bienestar general de las personas. Hemos confundido las ganancias económicas con la prosperidad real y la felicidad.

Umair Haque nota que:

el viejo, rancio, decrépito paradigma económico de la era industrial es lo que ha creado las masivas amenazas existenciales que el mundo enfrenta hoy. Esta persecución monomaniaca de maximizar los ingresos a corto plazo (versus, por ejemplo, optimizar a largo plazo el bienestar) es lo que ha producido la desigualdad, el estancamiento, el cambio climático y el extremismo -y los futuros problemas que se desprenderán de esto.

Haque, quien propone la eudaimonía como un paradigma más sano, señala que “todo estos indicadores: producto interno bruto, ganancias, valor de los accionistas y demás, indican un mismo imperativo: la mayor cantidad de ingresos sobre el menor incremento de tiempo que una organización puede producir”. Este imperativo hacia la productividad y las ganancias económicas personales tiene efectos desastrosos cuando se confunden como el fin mismo. La economía es al final de cuentas sólo un medio para el bienestar, pero al convertirse en el paradigma hegemónico supedita todas nuestras organizaciones y planes a su dominio. “En el paradigma económico, el bienestar, la plenitud de la vida, la autorrealización -si las vidas están creciendo, floreciendo, desarrollándose, y hasta que grado; la extensión, duración cualidad de tu vida, la de tus nietos, la del planeta- no existen. No son conceptualizados, representados, contados, medidos o valuados…no valen nada según el cálculo de este paradigma”. Haque presenta un ejemplo brutal “si nos rompemos las piernas mutuamente, el producto interno bruto no baja, sino que sube. Tenemos que tomar taxis al trabajo, pagar más por servicios médicos, lo cual es contado como ‘ganancias’. Es un ejemplo absurdo, pero es muy real”.

En cambio el paradigma eudaimónico (eudaimonía, significa básicamente la felicidad auténtica que se logra de una vida con significado y propósito en el que se alinea la voluntad individual con el bienestar colectivo físico y espiritual) mantiene que lo primordial es el bienestar de las personas y el ambiente y que las organizaciones deben de priorizar esto pensando a largo plazo. Una forma de entender la eudaimonia y su diferencia con la eocnomía es la siguiente:

Las redes sociales tienen un gran sentido económico: Facebook y Twitter y demás maximizan ingresos y ganan fortunas. Pero su eudaimonía es profundamente fallida: hacen que la gente se sienta infeliz, sin plenitud, solitaria -y son vectores de mal-información y desconfianza que carcomen el tejido de la democracia.

Su propuesta está basada en cosas como medir cuánta eudaimonía se genera por dólar gastado; cuánta riqueza humana una organización genera después de que se le sustraen a sus ingresos cosas como la contaminación que genera, la desinformación, el estrés y demás; o también la proporción de bienestar de una organización en comparación con los indicadores más altos (por ejemplo Estados Unidos rankea muy por debajo de Dinamarca en bienestar). Estos principios se pueden convertirse en estadísticas que pueden usarse para mejor evaluar el éxito de una compañía. Es difícil pensar que estas ideas van a ser aceptadas y difiundidas prontamente, pero al menos hacen algo importante: imaginar un futuro distinto, algo de lo que la humanidad actualmente carece.

Conoce más sobre la propuesta de Haque aquí

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