Portada de The Economist: ¿Por qué podría luchar Ámerica?

Por reflexiones de un galeno

Es una posibilidad cada vez más realista: un enfrentamiento militar entre Estados Unidos y China. El punto caliente: el mar de la China Meridional. El almirante James Stavridis, antiguo comandante supremo de la OTAN en Europa, conoce bien ese polvorín y ha escrito una novela sobre la Tercera Guerra Mundial. «Temo que sea una profecía autocumplida».

12 de marzo de 2034, la oficial al mando de un destructor estadounidense en el Pacífico occidental atisba un pesquero en llamas. Tras unos momentos de indecisión cambia de rumbo y se dirige hacia él por orden de sus superiores. Arranca así una cadena de acontecimientos que terminan en una guerra entre Estados Unidos y China y en el uso de armas nucleares. Esta es la trama de 2034, una novela de la próxima guerra mundial. Los autores son el escritor y veterano de Afganistán Elliot Ackerman, de 41 años, y el militar James Stavridis, de 66.

El propio Stavridis comandó un grupo de destructores en el Pacífico occidental antes de ascender a almirante de cuatro estrellas y asumir el mando supremo de las tropas de la OTAN en Europa. Su nombre se barajó como candidato a la Vicepresidencia con Hillary Clinton y también como secretario de Estado de Donald Trump, aunque finalmente ha acabado haciendo carrera como analista político.

James Stavridis. Una de las reacciones más habituales que estamos recibiendo con la novela es: buen libro, fecha equivocada. Militares de alto rango que me dicen: «Nada de 2034, será más bien en 2024 o 2026. La guerra llegará antes». Se empieza a hablar abiertamente de esa posibilidad. Estados Unidos y China tienen unidades navales y aéreas en el mar de la China Meridional, y a veces pasan muy cerca unas de otras.

Y los dos países acumulan muchos conflictos políticos…

J.S. Así es. Por Taiwán, por las reclamaciones de soberanía en el mar de la China Meridional, por la vulneración de los derechos humanos en China… la lista es larga. Se dice que los crímenes ocurren cuando hay motivo y oportunidad; pues bien, en el mar de la China Meridional tenemos ambos. El motivo: los muchos puntos en disputa. La oportunidad, las potentes flotas de guerra desplegadas en la región.

XL. El politólogo de Harvard Graham Allison advierte que se puede repetir lo que se llama ‘la trampa de Tucídides’: cuando una gran potencia se acerca al nivel de otra potencia hegemónica, la cosa casi siempre termina en guerra.

J.S. Este debate me produce mucha inquietud. Allison se remonta a la Grecia clásica, a Atenas y Esparta, para describir lo que ocurre cuando un poder asentado se ve desafiado por otro ascendente. Pero no hay que irse tan lejos. Cuando las potencias enfrentadas fueron los imperios británico y alemán, el resultado fue la Primera Guerra Mundial. No hemos escrito 2034 para provocar un conflicto, sino para advertir de su posibilidad y tratar de impedir que el mundo se deslice hacia otra gran guerra.

XL. Su libro, como usted mismo ha dicho, está pensado para «asustar» al lector… y sin duda lo consigue. ¿Puede convertirse en una profecía cumplida?

J.S. Totalmente. Yo comandé una flotilla de destructores en el mar de la China Meridional y conozco las condiciones en las que se opera allí.
XL. En su novela, China es una ciberpotencia que logra paralizar Estados Unidos recurriendo a la tecnología. En el mundo real, el gasto militar estadounidense es tres veces mayor que el chino. ¿Es realista pensar en un predominio militar de Pekín?

J.S. En primer lugar, ¿quién pudo anticipar los atentados del 11-S o los 20 años de guerra en Afganistán o la pandemia actual? La gente tiende a imaginarse el futuro parecido al presente, pero surgen imponderables y sorpresas.

XL. ¿Y en segundo lugar?

J.S. China está invirtiendo su dinero de forma muy inteligente y focalizada, y no solo en ciberarmas, también en su programa espacial, en misiles supersónicos y en tecnología de camuflaje. Ha visto cómo Estados Unidos se gastaba billones de dólares en Irak y Afganistán, y se ha dicho: no, nosotros no nos vamos a enredar en guerras de ese tipo, vamos a invertir con criterio.XL. ¿Habrá conversaciones entre las dos potencias para controlar los arsenales cibernéticos como las hubo durante la Guerra Fría?

J.S. Sí, y debemos empezar ya, cuanto antes. Las ciberarmas pueden paralizar el suministro de electricidad o de agua de países enteros, y también los transportes, y las finanzas. Ha llegado el momento de que Washington, Moscú y Pekín hablen del tema. El desarme nuclear es un modelo razonable, pero es mucho más difícil identificar el origen de un ciberataque que rastrear la trayectoria de un misil. Y, por desgracia, la tecnología cibernética es mucho más sencilla que construir bombas atómicas.

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