¿Qué es la teoría de la conspiración? ¿Cuál es la verdad?

Obama está en pie de guerra.

La civilización occidental está amenazada por el Estado Islámico.

La “Guerra Global contra el Terrorismo” se anuncia como un compromiso humanitario: Tenemos la “responsabilidad de proteger”.

Una guerra humanitaria es la solución.

Los malignos acechan: ¡Liquidémoslos!, expresó George W. Bush.

Suenan tambores de guerra desde los medios convencionales.

La agenda militar de Obama es apoyada por un inmenso aparato de propaganda.

Uno de los principales objetivos de la propaganda de guerra es “fabricar un enemigo”. A medida que la legitimidad política de la Administración Obama se tambalea, deben disiparse las dudas sobre la existencia de ese “enemigo exterior”, es decir, Al Qaeda y su red de afiliados patrocinados por la CIA.

El propósito es fijar en la conciencia de la gente, la idea de que los musulmanes constituyen una amenaza para la seguridad del mundo occidental.

La llamada guerra humanitaria se libra en varios frentes: Rusia, China y el Medio Oriente son actualmente sus principales objetivos.

La xenofobia y el programa militar

La ola de xenofobia contra los musulmanes que ha calado en Europa Occidental está ligada a la geopolítica: Es parte de una agenda militar que consiste en la demonización del enemigo.

Las naciones musulmanas poseen más del 60 por ciento de las reservas totales de petróleo. En contraste, Estados Unidos tiene apenas el 2% de las reservas. Iraq tiene cinco veces más petróleo que los Estados Unidos (véase La demonizaciónde los musulmanes y la batalla por el petróleo, de Michel Chossudovsky; Global Research, enero 2007).

Una gran parte del petróleo del mundo se encuentra en tierras musulmanas. El objetivo que llevó a EEUU a la guerra en esa región es apropiarse de sus reservas de petróleo. Y para lograr ese objetivo, esos países son objetivos de guerra, operaciones encubiertas, desestabilización económica y cambio de régimen.

La Inquisición estadounidense

El proceso de construcción de un consenso que justifique la guerra es similar al de la inquisición española. Requiere de una subordinación social que no cuestione el consenso político. En su versión contemporánea, la inquisición requiere y exige la sumisión a la idea de que la guerra es un medio para la difusión de los valores occidentales y la democracia.

Prevalece la dicotomía del bien contra el mal: debemos ir tras los malos, la guerra es la paz. La “gran mentira” debe convertirse en verdad; y la verdad se ha convertido en una “teoría de la conspiración” que califica de “terroristas” a quienes estén comprometidos con la verdad.

De acuerdo con Paul Craig Roberts (2011), el concepto de teoría de la conspiración “ha sido objeto de una redefinición orwelliana”.

La “teoría de la conspiración” ya no es un evento que puede ser explicado por medio de una conspiración. Por el contrario, se utiliza cualquier explicación, o incluso un hecho que no “sintonice” con las razones del gobierno y de las corporaciones mediáticas de la dominación.

En otras palabras, a medida que la verdad se vuelve incómoda para el gobierno y su Ministerio de Propaganda, dicha verdad se redefine como “teoría de la conspiración”; es decir, una explicación absurda y risible que debemos ignorar.

Cuando la ficción se convierte en realidad

Ya no sirve el periodismo de investigación. El análisis objetivo de los asuntos sociales, políticos y económicos se ha convertido en teoría de la conspiración, porque desafía un consenso que se fundamenta en la mentira.

¿Cuál es la verdad?

La verdadera amenaza a la seguridad global emana de la alianza Estados Unidos-OTAN-Israel; sin embargo, las verdades en un ambiente inquisitorial se colocan al revés: los belicistas están comprometidos con la paz y las víctimas de la guerra son los culpables del conflicto; es decir, son los que hacen la guerra.

La patria está en peligro

Los medios de comunicación, los intelectuales, los científicos y los políticos -a una sola voz- ocultan la realidad; a saber, que a través de las guerras EEUU y la OTAN están destruyendo la humanidad.

Cuando la mentira se convierte en verdad ya no hay vuelta atrás. Cuando la guerra se mantiene como un esfuerzo humanitario, la justicia y todo el sistema jurídico internacional funciona al revés: criminalizan el pacifismo y los movimientos contra la guerra y oponerse a la guerra se convierte en un acto criminal. En ese contexto, desde sus altos cargos los criminales pueden “justificadamente” desatar una persecución contra los que desafían su autoridad.

La gran mentira debe desenmascararse como lo que es y lo que hace

La gran mentira justifica la matanza indiscriminada de hombres, mujeres y niños. Destruye familias y personas.
Destruye el compromiso de la gente con la humanidad. Impide que la gente exprese su solidaridad con los que sufren.

Defiende la guerra y el estado policial como única alternativa para la paz. Destruye el nacionalismo y el internacionalismo.

Desbaratar la mentira implicar acabar con el proyecto criminal de destrucción global, por medio del cual la búsqueda del beneficio es la fuerza primordial. Este beneficio, impulsado por una agenda militar, destruye los valores humanos y transforma a la gente en zombies inconscientes.

¿Cómo revertir esta situación?

Desenmascarando a los criminales de guerra en los altos cargos y a los poderosos grupos de presión empresariales que los apoyan. Atacando a la inquisición estadounidense.

Denunciando la cruzada militar EEUU-OTAN-Israel. Cerrando las fábricas de armas y las bases militares. Devolviendo las tropas a sus hogares.

Los miembros de las fuerzas armadas deben desobedecer las órdenes y negarse a participar en una guerra criminal.

Por Michel Chossudovsky  / Global Research

Traducido por @dacha1953 para Periodismo Alternativo

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